BASILEA III: NUEVO PARADIGMA DE GESTIÓN DE RIESGOS
¨El cambio de paradigma es interpretar esta necesidad de regulación con un enfoque de requisitos de capital centrados en la gestión de riesgos. Los bancos tienen no solo que tener un capital suficiente, sino que tienen que explicar al regulador cuan necesario o suficiente es este monto de capital en relación a todos los riesgos que el banco asume” Alfredo Roisenzvit*.
no de los principales desafíos para el sector financiero en el año 2017, según los expertos, es la implementación de nuevos estándares internacionales de regulación bancaria, entre ellos, los lineamientos de Basilea III. Vea artículo Desafíos para el sector financiero en el año 2017 http://Vea artículo Desafíos para el sector financiero en el año 2017
De reglas universales para determinar el capital que deben tener las entidades con el fin de respaldar sus operaciones y dar seguridad a los depositantes, el paradigma ha evolucionado a dar mayor autonomía a las entidades financieras a través de la implementación de modelos sofisticados de medición y gestión del riesgo.
“Los bancos deben más que rendir cuentas, demostrar que conocen sus riesgos, que los gestionan apropiadamente y que tienen el capital suficiente para hacer frente a la materialización de esos riesgos; no tanto en el sentido de rendir cuentas, sino con el propósito de explicar y demostrar que entienden todo ese proceso”, indica de manera contundente Alfredo Roisenzvit, experto en temas de riesgo.
De esta manera, se pasa de una lógica regulatoria en donde los reguladores “perseguían” a los bancos para asegurarse que tuvieran el nivel de capital suficiente a partir de la aplicación de una fórmula de capital arbitraria, a un nuevo paradigma de trabajo conjunto en donde los reguladores deben requerir que los bancos demuestren que conocen los riesgos que afrontan y, en consecuencia, tienen capital suficiente para hacer frente a esos riesgos.
Con el fin de conocer las características e implicaciones de esta evolución, Huella Forense entrevistó a Alfredo Roisenzvit*, Executive Director de RiskBusiness Latin America. Esto fue lo que el experto nos contó:
Huella Forense: ¿Cuál es el paradigma de negocio bancario en Latinoamérica que está relacionado con Basilea III?
Alfredo Roisenzvit: Basilea III es una evolución relativamente reciente que todavía se está implementando de los estándares internacionales de regulación bancaria que rigen actualmente para todos los países, si bien no son obligatorios para ningún país.
Los países del G 20 de Latinoamérica son solamente 3, Argentina, Brasil y México. Esos países, como miembros del Comité de Basilea, junto con otros 17 países dentro de los cuales están los del G 10 más algunos países emergentes, se reúnen en este Comité, el cual es parte del Bank for International Settlements -o banco internacional de pagos- y generan estándares internacionales en materia de regulación financiera. Estos estándares internacionales son luego aplicados por los países miembros del comité, pero en la práctica son acogidos por todos los países del mundo o su gran mayoría.
Todos los países de Latinoamérica, en mayor o menor medida, tienen una u otra forma de cumplimiento de estos estándares internacionales. Esto quiere decir que la regulación financiera es muy parecida en todos los países.
La primera evolución, lo que hoy se conoce como Basilea I, se generó como un estándar internacional del Comité de Basilea en 1988. Esa primera evolución centraba la regulación financiera en torno a los requisitos de capital. Los requisitos de capital de ese momento estaban asociados a un límite para el apalancamiento que los bancos pueden hacer utilizando los depósitos del depositante para generar préstamos.
Cuando los bancos prestan dinero, están prestando el dinero de los depositantes como propio. Esta es una disposición legal que existe en todos los países del mundo y eso hace que los bancos presten capital ajeno y muy poco capital propio. Esa gran diferencia se llama apalancamiento en el contexto del negocio de los bancos. Apalancamiento en el contexto de las empresas, es cuando una empresa se endeuda varias veces en relación con su propio capital.
Un banco en realidad no se endeuda, sino que la deuda del banco es con sus depositantes y la acreencia es con los prestatarios. La relación entre la cantidad de dinero prestado y la cantidad de dinero de los depositantes, se llama apalancamiento.
Los bancos en general, por su forma de hacer negocio, tienen muchas veces más apalancamiento que otros sectores. Esto los pone en una situación de mucho más riesgo porque si pierden ese dinero -debido a que lo prestan mal o tienen algún problema- luego no se lo pueden devolver al depositante, generando un impacto muy grande debido a que se pierde la cadena de pago, haciendo más difícil todos los negocios y generando un efecto de contagio sobre el resto de la economía.
Entonces, es muy importante la regulación de los bancos en torno al capital que los mismos deben mantener para hacer frente a sus obligaciones o a eventuales pérdidas que no son esperadas en términos estadísticos.
Este es el centro de la regulación que establece el Comité de Basilea.
Cuando hablamos de cambio de paradigma, es porque esa regulación se centraba mayormente en un límite arbitrario del apalancamiento. Ese límite arbitrario no tenía muy en cuenta los riesgos y, al no tenerlos en cuenta, muchas veces la normativa no permitía que los bancos reportaran capital suficiente para hacer frente a diversas pérdidas inesperadas.
¿Con qué dificultades se han encontrado los bancos?
Yo creo que con sus propias limitaciones. Muchas veces los reguladores en algunos países no son del todo claros con la nueva normativa o a veces tienen dificultades en su implementación, o los implementan de manera precipitada sin prever el tiempo suficiente.
El comité de Basilea plantea para los casos más complejos 5, 6, incluso hasta 8 años de implementación de la normativa, es decir, un proceso largo, bien implementado, bien estudiado.
Muchas veces los reguladores, esperan hasta el último momento y cuando ven que sus vecinos lo están aplicando o que los países más avanzados están aplicando algo, se lanzan apurados intentando cumplir o parecerse al vecino y, a veces, eso genera muchos problemas de implementación.
Esto también les pasa a los bancos. Cuando los bancos requieren inversión tratan de postergarla y, cuando eso se posterga, la implementación cerca de la fecha resulta más difícil y sale más costosa.
Tal vez la mayor limitación es entender el cambio de paradigma, entender que el mundo está cambiando y que el negocio tiene que cambiar con el mundo y que el cambio va mucho más rápido de lo que estamos acostumbrados.
A nadie le gusta que su paradigma cambie. Los seres humanos estamos preparados para que la vida sea relativamente tranquila y no con tantos cambios. Y eso pasa en todos los órdenes. Seguramente la gestión del cambio es muy difícil.
Es importante entender el cambio de paradigma, incorporar tecnología y comprender que hace falta un buen grado de inversión en capital humano y en capital financiero para llevar adelante estos cambios, obtener mayor información y procesarla mejor.
¿Cómo está Latinoamérica? ¿La banca se ha “puesto las pilas” para demostrar que reconoce sus riesgos?
Hay buenos avances. Los reguladores en general tienen la normativa bastante en línea con los estándares internacionales. El cumplimiento tiene diferentes grados de avance. Se dice más de lo que se hace, como en muchos órdenes de la vida, pero hay buen compromiso de los reguladores y de los bancos hacia el avance relativamente paulatino a favor de la incorporación de esta regulación. Es mucho más lento y menos completo que en los países avanzados, pero en línea con la realidad de nuestros países.
Obviamente se podría hacer más, pero mirando el vaso medio lleno, los avances son muy favorables. A los bancos les cuesta mucho invertir recursos en estas cosas porque el resultado no se ve inmediatamente sino a largo plazo. Entonces les cuesta invertir recursos en cosas que no se ven inmediatamente. Pero en línea con buenas regulaciones y en la medida en que van mejorando los reguladores, también van mejorando los bancos en este sentido.
¿De qué forma se realiza la administración de los riesgos de acuerdo con esta normativa de Basilea?
Esto es bastante complejo. Hay diferentes mecánicas. En general son modelos matemáticos relativamente avanzados. Si bien el Comité de Basilea prevé cierta estructura de modelos o enfoques básicos. Obviamente los enfoques básicos no son tan específicos en materia de la medición del riesgo. No son tan “buenos” para medir el riesgo, y de hecho son más caros en términos de capital; requieren mayor capital. Esto está bien para alinear los incentivos en cuanto a que los bancos midan mejor sus modelos de riesgo.
En general, las herramientas de gestión de riesgo tienen que ver con modelos que estilizan datos del pasado y tratan de interpretar esos datos para tratar de estimar cual va a ser el comportamiento de las variables analizadas en un futuro.
Todavía hay muchos desafíos. La ciencia es relativamente joven en este sentido. Los modelos a veces les cuesta mucho describir la realidad, y entonces se está haciendo bastante investigación en estos temas. Nosotros trabajamos constantemente en el análisis de nuevas alternativas, de nuevos modelos. Está creciendo mucho la ciencia en este sentido, pero todavía es bastante joven. Hay mucho por mejorar en la aplicación de los modelos.
Esos modelos siguen un patrón base. A grandes rasgos, ¿podría explicarnos cuál es?
Se han estructurado algunos modelos básicos, pero la mayoría está muy cerca del viejo paradigma. Por ejemplo, en el enfoque básico para el riesgo operacional, el cálculo de capital básico es el 15% de los resultados operativos promedio de los últimos tres años del banco. Entonces alguien podría decir que un banco que tenga mucha actividad tendrá mucha operación y, por tener mucha operación, debería tener más riesgos y, en consecuencia, debería tener más capital; pero es un enfoque demasiado básico. Cuando se estudia un poco más en profundidad, surgen varios casos en que la apropiación del riesgo puede resultar incluso inversa y, entonces, los modelos básicos son en general mediciones relativamente arbitrarias que están muy bien calibradas.
El comité de Basilea hace un trabajo muy grande en calibrar estas mediciones para que recojan una parte del riesgo, pero justamente, al ser básicos, son fáciles de implementar y, como son fáciles de implementar, no recogen en profundidad el riesgo de cada entidad sino la media del mercado en general.
En la medida en que se avanza en complejidad, se puede ir midiendo mejor el riesgo y para eso se requiere un profundo entendimiento del riesgo, sustentado en datos del banco. En general, los bancos muchas veces no cuentan con esos datos.
¿Esos datos son relativos, por ejemplo, a los clientes?
En algunos casos son relativos a los clientes. En otros casos, son relativos a la parte de la operación del banco, o al propio desempeño del banco, a la relación del banco con el mercado, a ciertos otros datos del mercado. Obviamente, los más importantes son de los propios clientes del banco.
¿Por qué si esta es información propia del banco, los bancos no la tienen?
Porque históricamente no la han usado para la gestión. En muchos casos la gestión de los bancos es relativamente simplificada en términos de la toma de riesgo y la medición de los riesgos. Se pone un precio a los productos, una tasa de interés genérica en línea con el mercado y básicamente hay una sensación de que esto no hace falta. Esto es parte de las mejoras del negocio en general, en la región y en el mundo.
¿El fenómeno Fintech entraría en una escala de nuevos riesgos?
Yo no lo llamaría un riesgo, seguro no a la altura de los riesgos principales que requieren capital, como el riesgo de crédito, de mercado u operacional. Si es un riesgo más estratégico. Los bancos que no estén preparados para competir en un mercado nuevo en donde hay nuevos jugadores que tienen justamente mejor capacidad de análisis de sus clientes, medición del riesgo y entrega de sus productos, así como una mejor gestión de la tecnología, tienen una buena oportunidad de quedarse con los clientes, por el libre juego de la competencia. Y esto es un riesgo para los bancos que no se sepan adaptar a esta nueva lógica.
Está de moda comparar este fenómeno con Uber y los taxis. Es esa lógica. En muchos países está prohibido Uber y eso estará prohibido por algún tiempo, pero es imposible pararse delante de la tecnología y de los avances tecnológicos. Tarde o temprano estas prohibiciones o se ignoran o se levantan. En la banca va a pasar exactamente lo mismo.
Los bancos que no están dispuestos a entender, o capacitados para entender, cómo son los nuevos tiempos, cuáles son las nuevas reglas de juego, cómo son los productos financieros, la entrega y el precio de los productos financieros, tienen un riesgo estratégico.
Hasta hace poco los cambios debían tener un plan de contingencia por un cambio tecnológico y así garantizar la continuidad del negocio. ¿Existe un riesgo de este tamaño en este momento, en un tiempo cercano?
Eso fue algo muy puntual porque los sistemas de los bancos codificaban los datos con dos cifras. Entonces había una duda si pasaba del 99 a 0 si esto se iba a tomar como posterior o anterior y la mayor cantidad de los cambios tuvo que ver con esta situación. Esto fue una cosa de una sola vez. Fue un riesgo menor. No fue un riesgo tan grande. Es imposible saber si la acción de los reguladores fue excesiva o no porque si la reacción fue adecuada, no pasó nada porque fue adecuada y nunca vamos a saber si no hubiera sido tanta la exigencia si los bancos lo hubieran superado tan bien.
Hoy hay otros riesgos mucho más complejos. Hay riesgos de seguridad. Hay riesgos de ataques terroristas o hay riesgos de problemas ambientales. Sigue habiendo una gran cantidad de riesgos que tienen que ver con riesgos operacionales que probablemente sean más significativos que el cambio del año 2000.
El cambio del año 2000 fue muy visible porque era algo muy concreto, muy específico. Parte de las normativas de Basilea, del cambio de paradigma, requiere justamente que los bancos tengan en cuenta estos riesgos.
No hay un faro tan claro al frente que hay como el del año 2000, más allá de los de seguridad o los socioambientales.
Sigue habiendo tan o más relevantes que ese, pero no son tan visibles para el público en general. Hay otros que pueden ocurrir o se van a materializar que todavía no conocemos, que no se nos han ocurrido ahora.
¿Es suficiente la normativa?
Los estándares internacionales son una excelente guía para los reguladores, y los reguladores los toman relativamente bien. Yo estoy convencido de que el sistema financiero está bien regulado, que la crisis de 2008 fue un llamado de atención para los países avanzados, en donde se ignoraron algunos aspectos del riesgo y creo que la regulación centrada en los riesgos como lo plantea el comité de Basilea es la forma adecuada de regular a los bancos.
La posibilidad de crisis bancaria no va a desaparecer. Es parte de la lógica de la existencia de los bancos. Hay un equilibrio inestable constante y los equilibrios inestables siempre se desequilibran. Entonces, siempre que haya bancos va a haber crisis, pero creo que estamos bien preparados. Hay algunos países que pueden equivocar el rumbo de la regulación o puede haber algunos factores específicos en donde no se miden concretamente algunos riesgos. Eso fue lo que pasó en Estados Unidos en el 2008 y concretamente en los países avanzados del mundo en donde no se midieron adecuadamente los riesgos de liquidez, los riesgos de crédito.
Sabiendo que las crisis son imposibles de evitar, creo que la regulación ha evolucionado positivamente y esto es bienvenido. Estamos en un momento de buena regulación. Esto no sirve para evitar las crisis, pero si para que los sistemas financieros sean un buen catalizador de un crecimiento y desarrollo económico, especialmente para nuestros países.
Nuestros sistemas financieros son muy poco participativos en la economía. La medida para medir la profundidad del sistema financiero es M2 o M3 que es la suma de los agregados monetarios en función del producto bruto de un país. En los países avanzados esa media es, incluyendo el producto bruto, entre el 200 y el 300 por ciento. Es decir, el sistema financiero, que incluye los bancos y el mercado de capitales, generan a través del efecto multiplicador, 2 o 3 productos brutos de un país.
En Latinoamérica la media es menor al 60 por ciento, es decir, tres veces menos que en los países avanzados. Esto quiere decir que los bancos tienen muy poca participación en la economía y por ende en el crecimiento y desarrollo de la economía, relativamente con los países avanzados. Esta es una asignatura pendiente de la región.
*Perfil: Executive Director de RiskBusiness Latin America. Asociado y Representante para Latinoamérica del Risk Management Association (RMA). Co-Fundador y CEO de Erudias Blended Learning. Fundador de ACMEConsultora: empresa de Consultoría y Asesoría de Entidades Financieras Públicas y Privadas en materia de Basilea II y Administración de Riesgos, absorbida por RiskBusiness International. Consultor Asociado de Ernst&Young Argentina?. Ha sido responsable del desarrollo, implementación y dictado del Programa de Capacitación para la Supervisión, dentro de la Superintendencia de Entidades Financieras y Cambiarias del BCRA.Participó como representante de Argentina en ASBA (Asociación de Supervisores Bancarios de las Américas) en diversos grupos de trabajo de dicha Asociación.Participa como profesor invitado de las Materias de ERM / Riesgo Operacional y de Regulación y Supervisión Financiera del Master en Finanzas de la Universidad de San Andrés; de la Materia de Administración de Riesgos del Programa de Administración Bancaria de la UT Di Tella; del módulo de Risk Management del Programa de Desarrollo Profesional de la Escuela de Negocios de la Universidad Católica Argentina; e instructor único de la Clase Magistral de Riesgo Operacional l organizada por el Risk Management Association. (Tomado de Linkedin)
